IGLESIA APOSTÓLICA PROFÉTICA DE JESUCRISTO

 

CRONICAS DE UN MISIONERO (1RA. PARTE)

27.05.2014 09:06

APOSTOL QUINTIN IBARRA ZUÑIGA


Con el siguiente testimonio de lo que modestamente pudimos hacer como
misionero en Guatemala, C:A., deseo fervientemente que el nombre de nuestro
Dios sea glorificado.

I.   UN LLAMAMIENTO DE DIOS.

Fue a los pocos meses de haber sido ordenado para el santo ministerio
(1956), cuando comencé a sentir el llamado para ir a trabajar como misionero.
Es obvio que siendo muy nuevo en el ministerio dudara si realmente era la
vocación de Dios o un simple impulso de mi "yo". Así estuvo esa voz por varios
años. Cuando le hablé de noviazgo a quien ahora es mi esposa (1959), recuerdo
que entre otras cosas que le hice ver, fue que lo pensara muy bien para
corresponderme, ya que sentía inquietudes para salir del país a trabajar al
campo misionero.

A.  Surge la oportunidad.

En el año de 1962 formé parte de la comitiva nacional de nuestra
iglesia, para visitar los campos misioneros de Centro América; íbamos Maclovio
Gaxiola L., José Ortega Aguilar, Obispo Presidente y Secretario de Misiones respectivamente,
y un servidor como presidente de la Confederación Juvenil. En este viaje, entre
los lugares que visitamos de la república de Guatemala, llegamos a un pueblo
denominado Río Hondo del Departamento de Zacapa. Cuando el hermano Maclovio
hizo la presentación de los que le acompañamos, dijo: " En esta ocasión nos
acompaña el hermano Quintín Ibarra Zúñiga, quien funge como Presidente de la
Confederación Juvenil, ¿no les gustaría tenerlo algún día como misionero entre
ustedes? ". La grey contestó con un fuerte amén.

B.  Se hace la concertación.

En su oportunidad, el hermano Maclovio habló conmigo para preguntarme si
deseaba colaborar como misionero en la república de Guatemala, y mi respuesta
fue afirmativa.  Muy pronto el hermano
José Ortega también habló conmigo para confirmar mi decisión, a fin de ser
presentado como candidato a misionero juntamente con el hermano León Fragozo S.
y el hermano Manuel Rodríguez Castorena, en la convención general celebrada en
octubre de 1962, en la ciudad de Torreón, Coahuila.

C.  Rumbo al campo misionero.

En el mes de enero de 1963, habiendo entregado el pastorado de la
iglesia en Ciudad Mante, Tamaulipas, salimos rumbo al campo misionero. Para
esta fecha ya me había unido en matrimonio con mi esposa Guadalupe Silguero de
Ibarra y llevábamos a nuestro primer hijo, Joel, de escasos ocho meses de edad.
Nuestro viaje, por lo reducido de la economía, lo hicimos en ferrocarril. Una
vez revisados nuestros documentos en la garita de Ciudad Hidalgo, Chiapas, nos
encaminamos un kilometro y cuando llegamos a la mitad del puente en donde se
encuentra la línea divisoria entre México y Guatemala, sentí una profunda
nostalgia al tener que dejar mi querida patria. Recuerdo que al poner pie en
tierra guatemalteca le dije a mi esposa: " Lupe, ya me encuentro en Guatemala
". Teniendo ella todavía sus pies en tierra mexicana, me dijo: " ¡Dame la mano!
". Sentí que a ella la estaba invadiendo la nostalgia como a mí. Cruzamos todo
el puente para llegar a Ciudad Tecunhumán en donde tomamos nuevamente el
ferrocarril que nos conduciría hasta la ciudad de Guatemala, capital de ese
país. Ya nos estaba esperando el Secretario de misiones José Ortega y el
hermano León Fragozo y esposa, hermana Clarita Solórzano, quienes se nos habían
adelantado.

II.  INICIO DE NUESTRO TRABAJO MISIONERO.

En un pintoresco y bello lugar denominado Morán Villa Canales,
Departamento de Guatemala, nos tocó trabajar provisionalmente, ya desde un
principio el hermano Maclovio nos había destinado y prometido establecernos en
Río Hondo, Zacapa.

A.  La situación prevaleciente.

La congregación de Morán Villa Canales pasaba por una crisis muy severa
por diversas situaciones graves que se habían presentado por esas fechas.
Recibimos la obra entre ruinas, la gente no quería oír nada del evangelio; sin
embargo, los poquitos hermanos valientes que había, nos recibieron con los
brazos abiertos.

B.  Nuestra situación económica.

Cuando el hermano José Ortega nos dio posesión, me llamó aparte para
darme a conocer el presupuesto alimenticio con que se nos iba a ayudar. Hizo
una pequeña lista en la que se leía: tanto para frijol, tanto para aceite,
tanto para tortillas, tanto para pastas, tanto para azúcar, tanto para café,
etc. Luego me dijo: " hermano Quintín, no le incluyo para huevos y carne,
porque no va alcanzar para eso lo que le vamos a estar enviando ". Dios bien
sabe que muy contentos aceptamos todo. La cama en que dormíamos la armamos de
unas bancas sin respaldo y como mi esposa la arreglaba muy bien, se veía como si
hubiera sido una cama nueva.

Al poco tiempo la ropa nos comenzó a faltar. Recuerdo que mi esposa muy
preocupada al verme sin ropa para presentarme, una vez me dijo: ¡ay Quintín me
da pena que pareces retrato al presentarte siempre con ese único traje que te
queda! Yo bromeando le dije: "no te preocupes ya que todos los grandes
almacenes de ropa de Guatemala son míos porque son de mi Dios a quién le
sirvo". Ella me contestó: " ¡Todavía te burlas en lugar de preocuparte! "

C.  Dios provee de todo.

Gracias a Dios que comenzamos a trabajar confiando en que nos proveería
de todo lo necesario. Una muy fina hermana llamada Francisca Talomé, sin que
ella supiera nada de nuestro reducido presupuesto alimenticio, recuerdo que el
primer lunes de nuestra estancia en ese lugar, llegó con una canastita tejida
de alambre llena de huevos, al entregárnosla dijo: " hermana Lupita, hermano
Quintín, he prometido que mientras ustedes estén con nosotros, cada lunes les
traeré con la ayuda de Dios esta canasta llena de huevos ".  La hermana cumplió como lo prometió.

También al poco tiempo de permanencia, mi esposa con el carácter tan
amigable que tiene, entabló amistad con un matrimonio que tenían una carnicería
frente al templo, y muy seguido nos compartían de la carne.

La misma hermana Francisca Talomé, una ocasión que nos visitaba vio
nuestro cuartito de 4 X 4 metros muy bien aseado y le dijo a mi mujer: " ¡Qué
bonito tiene su cuartito hermana Lupita! " y al ver la cama dijo: " y que
bonita cama tienen"; a lo que mi esposa le contestó levantando la colcha: "
mire hermana panchita de lo que hicimos nuestra cama". Gracias a Dios que mi
mujer a pesar de ser tan jovencita y bonita, nunca se avergonzó de nuestra
pobreza material, pues siempre ha sido una mujer ajena de presunción y vanidad.
Nuevamente Dios proveyó tocando el corazón de la hermana panchita quién nos
obsequió una camita usada pero muy buena.

Pasadas como tres semanas de que mi esposa se preocupaba porque no tenía
ropa adecuada para presentarme en el culto y en el programa radial, tomando
transporte en la Central de Autobuses, un comerciante que traía unos cortes en
el hombro, de pronto me llamó diciéndome: " amigo, llévese casi regalados estos
cortes"; efectivamente, me los dio tan baratos que pude comprárselos. En esos
días recibimos la visita de nuestro Secretario de misiones quién me regaló tres
trajes. Muy pronto vi en mi guardarropa siete trajes. Todo esto lo digo para
honra y gloria de mi Dios, que nunca se olvida de sus siervos.

D.  Nace nuestro segundo hijo.

El 14 de Octubre de 1963 al regresar de la Ciudad de Guatemala después
de atender nuestro programa radial, como a las tres de la tarde, me abordó una
vecina que había establecido muy buena amistad con nosotros. Después de
saludarme me dijo: "Que mujer tan fuerte y valiente tiene usted, por ahí le
tiene ya un varonsote que sola dio a luz, yo sólo llegué al último para
auxiliarla en algo". Mi hijo Samuel había nacido. Era por cierto un día
bastante inclemente.

E.  La iglesia se consolida.

Para  estas fechas ya la obra que
habíamos recibido tan decaída se había consolidado. La dura prueba había pasado
y disfrutábamos de otro ambiente lleno de gozo y de entusiasmo. También el
campo de Amatitlán que establecimos se encontraba muy floreciente.

 III. NUESTRO TRASLADO A LA ZONA NORTE DE GUATEMALA.

 A poco más de un año de nuestra llegada, estando ya la iglesia establecida en Morán
Villa Canales, ante los reclamos de los hermanos de Río Hondo, quienes sabían
que  habíamos sido destinados como misioneros a ese lugar, tuvimos que despedirnos con lágrimas y trasladarnos.
Llegamos a Río Hondo, en donde la mayoría de los hermanos nos esperaban  con los brazos abiertos. Como casi siempre
sucede, unos cuantos nos recibieron hostilmente y decían que ellos nunca habían
pedido misionero. Como no había casa pastoral, lo primero que tuvimos que hacer
fue buscar una casa de renta, cosa que para el pago de la misma, estos
elementos nunca estuvieron de acuerdo en cooperar.

    

      Así comenzamos nuestro trabajo en ese
lugar y no se me olvida que la congregación se formaba de 14 hermanos
bautizados. En Guatemala cuando nosotros llegamos, sólo había tres
congregaciones que pasaban como iglesias: La de la ciudad de Guatemala, la de
Morán Villa Canales y la de Río Hondo, Zacapa.

 

A. Extendimiento de la obra misionera en la zona norte.

 Cuando se nos dio posesión en Río Hondo, Zacapa, fuimos presentados el hermano León Fragozo y yo. El fue declarado
misionero para la zona centro del País y yo por la zona norte.

 

Comenzamos muy entusiastas a trabajar abriendo campos a
diestra y siniestra. Buscamos la simpatía de las gentes en diversas formas y
pronto comenzamos a ver el fruto de nuestro esfuerzo.

 

B.  Factores que influyeron en el crecimiento.

 

Somos conscientes de que la técnica para realizar el trabajo es  necesaria más no
indispensable. Muchas veces me he puesto a pensar cómo es que, usando en estos
tiempos técnicas avanzadas en el trabajo no nos producen el rendimiento que
aquellos métodos rudimentarios produjeron hace 35 años.

 

El avance que nosotros obtuvimos en el campo misionero lo
adjudico a factores que inclusive, por qué no decirlo, inconscientemente
comenzamos a usar y que nos dieron muy buenos resultados.

 

      1. Solidaridad.  Lo primero que no me
gustó del pueblo en que iniciamos nuestro trabajo, fue que cuando alguien
fallecía, sólo acompañaban a los dolientes los de la religión que éste
profesaba. Hable con los Apostólicos y les manifesté que no estaba de acuerdo
con ese egoísmo y que yo rompería esas barreras con los que quisieran
acompañarme. Efectivamente, en la primera ocasión que se presentó la defunción
de un  católico, fui con varios hermanos
de la iglesia Apostólica. Acompañamos a los dolientes hasta llevar al difunto
al cementerio, cosa que despertó muy buena impresión y los comentarios
circularon. A nosotros no nos afectó para nada el rezo y el canto de los
católicos. Muy pronto, aunque se tratara de otros religiosos, no faltaba quien
metiera una cédula solicitando que se le diera la palabra al Pastor de la Iglesia
Apostólica. Así comenzamos a ganar mucha simpatía que hasta hoy permanece. Ya
después los demás evangélicos hacían lo mismo, pero toda la gente decía,
gracias a los apostólicos. Así comenzamos a ser invitados por familias de todo
credo, y los frutos no se hicieron esperar. Comenzamos a bautizar gente,
algunos muy allegados al catolicismo.

 

      2. Llevando alegría a todos.  También
aprovechamos ocasiones como la del 10 de Mayo, en que al estilo México salía
con los jóvenes a cantarles hermosos himnos que produjeron tal revuelo que
pronto solicitaron que fuéramos a llevarles esa alegría pues decían que esos
himnos proyectaban vida.

 

      3. Uso del drama.  Al igual que lo
dicho anteriormente, aprovechamos diversas ocasiones para montar obras teatrales,
desde luego, relacionadas con el mensaje bíblico. Este fue otro espacio muy
bien aprovechado para atraer a la gente al grado que éramos invitados de
diferentes lugares para presentarles dramas.

 

      4. Se establece el programa radial. 
Una vez que la iglesia cobró bastante simpatía comenzamos a predicar por
la radio. No basta el tiempo y el papel para dar a conocer todas las
bendiciones que este medio nos reportó. Dada la calidad del programa, pronto
fui invitado para celebrar casamientos y presentar quinceañeras aun en el seno
de otras iglesias evangélicas. Cuando llegábamos a las aldeas y pueblos en
cuyos lugares la gente descubría que estaba allí el Director de "La Voz
Apostólica", nos daban franca entrada a sus hogares. Los mismos pastores de
otras denominaciones nos abrían sus templos para que celebráramos nuestros
cultos al estilo apostólico. Recuerdo que una ocasión el mismo guarda templos
católicos nos abrió su templo para que allí hiciéramos el culto.

 

      5. Correspondencia conmovedora.  De
lo más encumbrado de las montañas guatemaltecas recibí cartas muy conmovedoras,
en donde me decían: "Hermano Quintín, nuestro alimento espiritual que temprano
todos los días muy calientito tomamos, es el mensaje que nos predica por medio
de su hermoso programa. Hermano, sólo lo conocemos por su voz ya que no tenemos
esperanza de conocerlo personalmente, pues vivimos entre estos breñales que
difícilmente usted un día podría llegar hasta nosotros". Varias veces vi al
locutor de la radio derramar lágrimas, quien decía: "¡Don Quintín, qué cartas
tan conmovedoras recibe!".

 

      6. "La Voz Apostólica" siempre en primer lugar.  El gerente de "La Radio Novedad" donde salía
nuestro programa, muy seguido me enseñaba la gráfica de todos los programas que
allí se difundían, diciéndome: "Mire don Quintín, la Voz Apostólica siempre
ocupa el primer lugar, ni el "Radio Periódico" le supera.

 

      7. Aun a los ricos llega y gusta "La Voz Apostólica".  Recuerdo que me propuse predicar una serie de
sermones sobre el tema "Ministerio Entre los Ricos" basado en 1 Tim. 6:17-19.
Hizo tal impacto entre los propios ricos, que nos comenzaron a llegar cartas
con donativos felicitándome por el programa y que siguiera adelante.

 

8.  "La VozApostólica" se hace escuchar entre políticos y altos empleados degobierno.  Una ocasión, al terminar depredicar sonó el teléfono de la radiodifusora. Llamaba el Gobernador delDepartamento de Zacapa, lugar donde estaba predicando, quien quería hablarurgentemente conmigo. Al entrar al Palacio de Gobierno, me recibió muyatentamente presentándome ante todos los empleados. Indicó que se retiraba acasa porque le urgía hablar conmigo, y que no se le interrumpiera por espaciode unas tres horas. Al llegar a su casa me presento a su esposa y dos hijas muyhonestamente vestidas con manifestaciones de humildad y educación muy refinada.La plática fue larga, importante y amena, todo apegado a la Palabra de Dios quelos había cautivado al escuchar nuestro programa. La obra maravillosamente seestaba extendiendo, trabajábamos a todo vapor atendiendo aproximadamente 12campos.